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Sparring

Esta es una invitación a todas aquellas personas que conozcan al gran Casas, para que colaboren con frescas anécdotas, fotos inéditas, semblanzas e impresiones. Un mano a mano con el poeta (obviamente sin derecho a réplica ni chequeo de autenticidad).

El round de la semana:

Nombre: Juan Terranova

Email: juanterranova@hotmail.com

Comentario: Estábamos con Martín y con Gecko en casa tomando una cerveza y yo les tiré la idea de ir hasta la Casa de la Poesía porque se
presentaban tres libros de Eloisa Cartonera. Uno de Fabián Casas, otro de Pauls y el tercero de un mexicano, Mario Bellatin.

Martín llegó antes porque estaba en bicicleta y nosotros llegamos después, y él ya se quería rajar. Le agarraron todas las fobias juntas pero lo retuvimos con un poco de vino. Cuando entré a saludar a Cristian De Napoli, que se hacía el que organizaba, Cucurto le dijo a un pelado: Che, Casas, este es Terranova. El pelado, que estaba leyendo, se cruzó todo el salón y me dio la mano. Cucurto tiró una foto y Casas me dijo: Che, leí lo que escribiste sobre mí en tu blog, me hizo pensar. Yo me sentí reconocido. Se lo presenté a los pibes. Hola, qué tal, etc. Te hacía más barrial le espetó Gecko. Y el otro se la cazó al vuelo y le respondió: Ahora para leer me cambio.

Nos buscamos un rincón y Gecko, mientras se sentaba, cual vieja en la feria del libro, dijo en voz alta: Yo a Pauls lo recuerdo de sus internvenciones en ATC. No era una frase peyorativa, pero Pauls que estaba a escasos veinte centímetros, sentado delante nuestro, nos miró como dicendo: Sí, estuve en Canal 7, ¿y?.

No, miento, no fue así. Pauls es un gentelman. La cosa iba a venir después, cuando Casas se puso a leer y al mexicano le empezó a sonar el ceular. Mientras lo apagaba, Casas paró de leer y tiró la bronca, creo, con toda la justicia del mundo.

Odio los celulares aclaró. Y para los que lo seguimos en Mal Elemento,
la aclaración sobraba. Siguió la lectura y un par de minutos más tarde
del bolsillo de Gecko empezó a salir la melodía de Light my fire de The
Doors. Casas paró de vuelta la lectura y volvió a decir que esos aparatitos no le van, de nuevo, con bastante razón. Usando el silencio que se hizo, le aclaré por las dudas a la audiencia, señalando a Gecko, yo no lo conozco. Fue una sola vez. Y conste que a gente más importante la negaron tres veces. Después, yo lo miraba y me reía. Lo vi empezar a transpirar. Gecko es de esos tipos que no pueden procesar los papelones y los reviven una y otra vez en su imaginación, mientras el momento fatal se aleja en el tiempo, y cada vez es peor, y cada vez se sienten más vergüenza, aunque haya sido una boludez.

Casas presentaba Veteranos del pánico, una novelita que compré y que empecé a leer en el colectivo, y que recomiendo con énfasis, como todo lo que sale del cráneo del hombre de Boedo. Lo de Bellatin no me gustó y lo de Pauls me aburrió.

Salimos al toque y cuando salíamos Gecko, que había recuperado la chispa, me dijo, irónico, ¿Querés que te haga quedar mal con algún otro escritor?. Martín agarró la bicicleta y se fue.

Nosotros nos quedamos haciendo puerta, esperando que saliera Casas para pedirle perdón por lo del celular y decirle que es un escritor muy grosso.

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