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¿En qué se parecen Jack Bauer y Rafael Nadal?

24, la serie de Fox, ya tiene tres temporadas en el aire, muchos premios de todo tipo y fans que se multiplican por minuto. Yo apenas vi cuarenta el sábado pasado (los cuarenta minutos finales de un capítulo), mientras esperaba que empiece un programa que sí quería ver. ¿Qué fue lo que vi ahí? Muchas cosas curiosas...

 

Un tipo corriendo desesperado, hablando por un celular que nunca pierde la señal (tal vez en algún capítulo sí la perdió, pero bueno, yo soy un fan neófito de la serie) mientras trata de salvar al mundo, es decir, a los Estados Unidos.

 

Por momentos dudé sobre si era una serie o una publicidad subliminal de telefonía celular. Pero después no tuve dudas: en una de las tandas, la cadena Fox publicitaba una serie hecha en exclusiva para ser vista por los aparatitos luminosos. Por otra parte, parece que una de las condiciones estelares y novedosas de 24 es su capacidad "anatómica". La temporada se divide en 12 capítulos de una hora que, a su vez, confluyen en un día de la vida de Bauer. ¡Qué genial! Como esos teatros de revistas que ponen en sus anuncios "¡40 personas en escena!", como si la cantidad fuera sinónimo de calidad.

 

No sé si las 24 horas exhaustivas de la vida de Bauer lo han puesto frente a la audiencia mundial masturbándose o sentado en la taza de un Pescadas. En mis cuarenta minutos lo vi rescatando a un chino de una embajada (el chino sabía el nombre o la dirección, no sé bien, de un terrorista que se iba a cargar a todo USA), lo vi hablando con el presidente de los Estados Unidos, ¡que era negro! (en un gesto progre extraordinario), y decidiendo sacrificar a alguien que le había salvado la vida porque, como él mismo dijo siempre apuntando con su arma, "hago mi trabajo y tengo que salvar miles de vidas".

 

Las similitudes entre Bauer y Bush son notables: Bauer es heroinómano y Bush es alcohólico. Los dos hacen su trabajo y creen que van a salvar al mundo. El mundo es sólo EE.UU. Pero la verdad, esto es lo de menos. Una ideología reaccionaria puede producir arte revolucionario. Me parece que no es el caso de 24. Lo que se ve ahí es una maratón desmesurada (todos corren, todos transpiran) y, a cada segundo, tienen que decidir si juegan sobre el fleje o se van a la red. Los personajes son tan previsibles y las acciones tan evidentes que parece una serie hecha de manera pedagógica para ser pasada en un congreso de gerentes: "si quieren que la corporación funcione, sean como Jack Bauer", podría ser el lema.

 

Algo en el pathos de la saga es similar a ver un partido de Rafael Nadal. El tipo es una máquina anatómica que llega a todas (puede jugar un partido entero sin parar de correr, como Bauer), un superhombre que se la pasa festejando hasta los tiros que envían sus adversarios a la red. Un infradotado que me hace extrañar a ese personaje beckettiano de los setenta: el sueco Bjorn Borg. Alguien con elegancia en el sufrimiento, como pedía Hemingway.


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